lunes, 22 de febrero de 2010

Carta a Mathilde en una noche de Verano


Querida Mathilde:

Como todas las noches que miro el piso y las imágenes de mis recuerdos danzan bajo mis pies, sonrío y pienso que estás bien, que tienes la belleza de una mujer llena de poder. Entonces vuelvo a sonreír porque sé que aunque llegue nadando junto a ti ya te habrás olvidado de mi viejo rostro. Como todas las noches de luna llena, he apagado el televisor recordando a todos aquellos a quienes siempre he admirado porque no ven televisión. Como todas las noches que me siento a leer un pedazo de cielo, aunque está noche no fume, siento el universo entre mis dedos. Como todas las noches que abrazos el lado vacío de mi cama busco una taza de agua caliente para sentir que el calor de tus dedos acaricia mis labios. Como todas las noches que intento cumplir mi promesa de escribirte eternas cartas hablando de lo mucho que recorres mi memoria, he vuelto a coger la computadora, he escrito en mi estado: “desconectado” a fin de no sentir la tentación de alejarme de mi objetivo: escribirte y declarar que te amo sin importar la distancia.

Hoy he vuelto a escoger un libro de mi pobre librero, aunque, a veces pienso que solamente lo hago para sentir que no soy consumido por la caja boba, como si dentro de mí aún quedara algo de voluntad. Hoy he vuelto a escuchar música que no tiene sentido para mis oídos pero que mi corazón escucha a placer porque sé que entre las líneas que descifro encontraré las palabras que me conecten con tu corazón solitario, entonces escucho: “Ain't no mountain high /Ain't no vally low /Ain't no river wide enough, baby /If you need me, call me /No matter where you are / No matter how far/Just call my name / I'll be there in a hurry / You don't have to worry” (Marvin Gave). Hoy he estado leyendo lo que escribo mirando que las comas o los puntos en las íes sean correctos, y no pobres manchas sobre papel. Hoy  he querido escribirte para llegar a estar un poco más cerca de ti. Sé que no puedo abrazarte y que no puedo perfumar los bites para que sientas, de alguna manera, que me importas mucho. Hoy he deseado estar a tu lado y bofetearte con el amor que llena el corazón de una madre al saber que su amado debe despertar de su sueño. Hoy me he equivocado por escuchar a mi corazón y acertado al seguir sus pasos.

En el camino a casa, a la cueva de tres por cuatro que llamo hogar, pienso en lo poco que sé de ti. No sé cómo te gustan los huevos fritos, si prefieres el té con mucha o con poca azúcar. Si el vodka te emborracha más rápido que la cerveza. No sé si duermes del lado derecho de la cama o si al despertar miras por tu ventana y sonríes al saber que la ciudad sigue igual a como la dejaste. No sé si te vistes de arriba primero o prefieres las prendas de abajo. No sé si canturreas en la ducha tus pensamientos o si te pierdes en un punto en el espacio pensando que la vida es un universo lleno de flores de abono. No sé si sujetas tus cabellos para dormir o si escribes  en tu diario sobre las cosas que no quieres olvidar de cada día. No lo sé y quiero poder disfrutar los días descubriendo cada pregunta admirándote en cada amanecer. No sé mucho de ti y quiero poder descubrirte dormida en mi regazo.

Comprendo cuando dices que lo nuestro es una ilusión, que es un amor perfecto porque no nos vemos en realidad. Aunque yo crea que la amistad es un gran puente que nos permite descubrirnos. Dame la mano, acompáñame  el camino a través de las lianas colgantes de nuestro puente. Sé que la distancia nos permite dibujar imágenes que nos son reales o que lo son pero no importan las imperfecciones. Yo creo que la distancia está en nuestra mente y en nuestra voluntad por seguir soñando. Sé que temes equivocarte cuando hablas sobre tu futuro. Sé que no quieres continuar estudiando porque ves que todo es difícil y encuentras pocos éxitos, sabes que yo creo que no importará que te diga que tú puedes continuar, que un trabajo puede ser lo mejor para ti o que lo siguas pensando porque solo tú debes elegir entre las pastillas o tu fuerza de voluntad. Sé que no sé si deba escribirte así. Esta noche seguiré a mi corazón y hablaré por él para decirte que: tú eres valiosa y tienes el poder de ser feliz. Mereces ser feliz y todo el universo está junto a ti en tu decisión.

Entonces tomaré prestadas las palabras que de joven guiaron mi solitario corazón cuando estuvo abandonado a las tormentas y penas porque era más fácil ver la oscuridad de mis manchas que el brillo de mis ojos. Sé que no soy tú y que tus fuerzas son mejores que las mías, pero no sé cómo decirte lo que quiero decirte.

“Hoy seré dueño de mis emociones.
Aprenderé este secreto de los siglos: Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que obliga a sus acciones a que controlen sus pensamientos.
Todos los días cuando despierte, seguiré este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la autocompasión y del fracaso.
Si me siento deprimido, cantaré.
Si me siento triste, reiré.
Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo.
Si siento miedo, me lanzaré adelante.
Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas.
Si me siento inseguro, levantaré la voz.
Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura.
Si me siento incompetente, recordaré éxitos pasados.
Si me siento insignificante, recordaré mis metas.
Hoy seré dueño de mis emociones.

Fragmento: EL vendedor más grande del mundo. Og Mandino


Al final de la noche dormiré pensando que leerás esto y te molestaras, reirás y tal vez, respiraras profundo para sentir que puedes seguir adelante con mi amistad. Al final de la noche dormiré tranquilo porque sentiré que he dicho aquello que mi alma danzaba entre mis dedos. Al final de la noche lloraré por no poder decirte esto mirándote a tus bellos ojos café acariciando tus cabellos pensando que “Nothing you can make that can't be made. /No one you can save that can't be saved. / Nothing you can do but you can learn how to be you in time./ It's easy. / All you need is love. /Love is all you need.” (The Beatles). Al final de la noche esperaré tu respuesta con el corazón en la mano porque eres mi noche final y mi esperanza al amanecer.  

                                                     Te amo.

Julhians Sorel
22 /02/10

miércoles, 3 de febrero de 2010

filosofica carta a matilde

De Julhians Sorel y otras voces: De Julhians Sorel y otras voces: Adicción a los trenes

De Julhians Sorel y otras voces: Adicción a los trenes

De Julhians Sorel y otras voces: Adicción a los trenes

Adicción a los trenes


Aunque en los litorales peruanos no existe más que contadas rieles y los mismos trenes son tan escasos que su funcionamiento o visualización son un acontecimiento para las familias que tienen el privilegio de verlos pasar: viajar en tren es toda una experiencia que nadie puede perderse.
Si la hora es inadecuada, sin embargo, los gusanos de metal se convierten en una maldición que permite el juego de los silencios, es decir: gritarle todo los que queramos a pulmón abierto al andante mientras en su trayectoria dibuja el acostumbrado ruino. El viaje en el maestro de los viajeros es tan sublime que, cuando se cruzan por primera vez las puertas del vagón, las historias contadas, de amores furtivos en las cabinas de servicios, y los incontables árboles, cruzando el horizonte lleno de colores, cobran la vida de una ilusión capaz de tocarnos en lo más profundo de nuestro ser. Lo que nos conduce a una terrible adicción a los trenes o dicho en palabras más honestas: nos convertimos en adictos de los atardeceres tras el cristal, del rocío limpio del amanecer, es decir, volvemos de nuestra travesía como adictos a los viajes.
Cuando viajo cobro la vida que no me permiten los horarios de mis clases y las firmas de ingreso y salida. La energía de las pisadas hacen de las calles un lugar agradable para las sonrisas y la caza de imágenes acogedoras que esperarán, luego, un marco para ser colgado. Cuando viajo solo descubro en mí la fortaleza del silencio y la belleza en una conversación tan natural como cuidadosa de no revelar información innecesaria. Cuando viajo solo soy el que nunca seré o el que siempre despreciaré. Soy un eterno enamorado que añora a su amada, prisionera de en su ciudad natal. Soy el que “inocentemente” sucumbe a las lisonjas de una compañera de viaje olvidando el juramento de amor hecho en las puertas de la estación; entonces me repito una y otra vez, fue culpa de ella, yo le dije de mi novia y a ella no le importó. Soy el emergente empresario consciente de su futuro y conectado con la realidad de su ser y su entorno; todo un buen prospecto de esposo que más de una desearía probar en la intimidad de una habitación cama doble. Soy carismático y locuaz para beneplácito de mi compañero de asiento en el vagón o en la mesa a la hora del almuerzo. Y, ocasionalmente, puedo ser yo mismo, ese auto-marginado y silencioso personaje que nadie recuerda luego de la primera media hora de conversación fílmica y tantas veces ensayada que la sorpresa se ha quedado entre los intentos.
Cuando viajo acompañado la historia es relativamente la misma con la excepción en los gestos y actuaciones porque un viaje individual permite que se juegue en diferentes papeles, pero el viaje en grupo solo te permite el cambio de frente en dos ocasiones, luego de ello se daría la imagen de inmaduro o se revelaría la vida misma. Ninguno es mejor o peor. Son diferentes como las cifras que lo conforman. Cuando viajo solo deseo la compañía de un abrazo en la foto de grupo, pero cuando viajo acompañado deseo el respeto de mis neurosis. 
Pero el viaje no es el número de tickets que necesitamos conservar o la dificultad de sacar la cuenta cuando son decimales en número impares. ¿Cómo le cobraré a mi amigo el desayuno que aún me debe del viaje a Tarapoto? El viaje es, para mí, el tiempo de desenchufarse de la ciudad o del horario. De los problemas propios de la vida y pensar en los problemas del viaje. De disfrutar de la envidia de ser estar donde todos estuvieron pero no el día en el que estuvimos.
Viajar, finalmente, es el poder que poseemos para tocar con muestras cámaras y gozar con nuestra mirada los pasos dejados en el camino.
Juhlians
28/1/10